Editorial: Mariló Joya
La comunicación de la actualidad y el mundo de la información siempre han convivido con la crítica y la competencia. Forma parte de su naturaleza. Lo que no debería formar parte del juego limpio, honesto y democrático es el intento de silenciar al que informa.
Cuando faltan los argumentos, aparecen las maniobras. Cuando no hay trabajo que ofrecer, surgen las zancadillas. Cuando no se puede competir limpiamente, algunos optan por atacar desde la sombra que ofrecen, permiten y amparan las redes sociales.
Si buscáis a Mariló Joya en redes no me encontraréis. He vuelto a desaparecer a base de denuncias falsas, ataques anónimos y sabotajes digitales constantes como los que estamos sufriendo. Y no, no son formas de discrepancia: son argumentos de miedo. Miedo a la libertad de expresión. Miedo a la transparencia. Miedo a que la ciudadanía tenga acceso a voces independientes desde el respeto a todos.
Quienes como yo, llevan décadas dedicados a la comunicación, conocen bien el valor de la credibilidad. Saben que es algo que no se improvisa ni se compra. Se construye con constancia, con rigor y con presencia diaria en la realidad que vivimos y contamos. Con errores y aciertos, por supuesto, pero siempre dando la cara.
Durante años – desde los focos, el micrófono o el teclado del ordenador- hemos informado, contrastado y acompañado a nuestra comarca desde la honestidad profesional. Sin atajos. Sin trampas. Sin esconder la firma e implicándonos cuando éramos necesarios para difundir problemas o buscar soluciones. Por eso, resulta especialmente revelador que, cuando un medio crece año tras año y se consolida como referencia, algunos intenten frenarlo con intentos de bloqueo, acoso y sabotaje, aludiendo a cosas sucias, muy sucias, tanto que repugnan.
Eso no es competencia: es incapacidad y cobardía. La credibilidad y el respeto no se hackea. La confianza de los lectores no se derriba con denuncias interesadas. Y la libertad de prensa no se intimida.
Frente a esas prácticas, la respuesta solo puede ser la misma que nos ha traído hasta aquí: Más rigor, más independencia y más información.
Por mucho que intenten usar estrategias sucias para intentar destruirnos, seguiremos haciendo lo que siempre hemos hecho: informar con libertad, con argumentos y con trabajo.
Cuando te intentan callar es precisamente porque te están escuchando mucho, lo que nos da fuelle para seguir adelante. Que nadie lo dude.
















