Esta es la frase que preside la entrada del Camposanto de Otívar, un hermoso, cálido e íntimo cementerio ubicado en lo alto de una loma, donde el blanco de cal que pinta su fachada, deslumbra gratamente, salpicado por el color de las flores que adornan las sepulturas en estos días y por la piedra de algunos de sus nichos.
En la placa se puede leer que se construyó siendo alcalde D. Vicente Aneas Ruiz, sin embargo, desconocemos la fecha, borrada por el paso de los años.
Desde este lugar de reposo eterno, las vistas son envidiables. La Sierra de Cázulas se abre hasta el infinito, para que los que allí reposan puedan seguir disfrutando del paisaje que tanto admiraron en vida.
Otívar, catalogado como Villa en la inscripción que preside el portón de hierro que da entrada al cementerio, se encuentra a los pies de la sierra de Cázulas y el Parque Natural de Tejada, Almijara y Alhama, un paraíso en el que nace el Río Verde granadino y su valle tropical, la conjunción perfecta para que este sea uno de los cementerios más hermosos y auténticos del Sur de Granada.
