Cada año, el festival de Almuñécar guarda alguna sorpresa y presenta algún nuevo talento de la escena internacional; ahí están, como ejemplo, Gregory Porter, Jazmeia Horn, José James o Robert Glasper, entre otros muchos que pasaron por su escenario antes de consagrarse. En esta edición ha sido la pianista y cantante italiana Francesca Tandoi, todo un descubrimiento para el público del Festival Internacional de 'Jazz en la Costa'.
Francesca pertenece a esa categoría de músicos que demuestran que la tradición sigue siendo un territorio inagotable cuando se interpreta con personalidad, imaginación y un dominio absoluto del oficio. Su concierto fue una reivindicación del trío clásico de piano, una formación que en sus manos conserva toda su vigencia. No se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de una forma de entender el jazz desde la elegancia y la comunicación.
Tandoi ha construido una voz propia a partir del equilibrio entre la tradición afroamericana y una sensibilidad melódica muy personal. Composiciones instrumentales propias como 'Cicada Hill', 'Magic Three' o 'New Sol' convivieron con una exquisita versión cantada de 'Estate', de Bruno Martino, y con una delicada lectura del tema de Stevie Wonder 'Overjoyed': piezas vocales que aportaron variedad y una cercanía que el público agradeció desde el primer instante.
El trío de Francesca funcionó como una auténtica unidad con Stefano Senni (contrabajo) y Pasquale Fiore (batería), recordando por qué el formato de piano trío sigue ocupando un lugar privilegiado en la historia del jazz. Una compenetración absoluta que permitió que la música respirara con una espontaneidad que solo se alcanza tras muchas horas compartidas sobre los escenarios.
El concierto transcurrió con un equilibrio ejemplar entre estándares y composiciones propias, todas interpretadas con un gusto exquisito por el detalle y una notable capacidad para construir dinámicas. Hubo espacio para el lirismo, para el blues, para el bebop y para ese swing contagioso que terminó conquistando a un auditorio entregado.
La respuesta del público de El Majuelo confirmó que no hacen falta artificios para emocionar. Bastan una gran pianista, un trío perfectamente ensamblado y un repertorio interpretado con inteligencia y autenticidad.
