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Fernando J. Antúnez, un gran deportista y un “tipo afortunado”.

Este deportista motrileño de 27 años, presume con orgullo de su importante palmarés en la práctica de La Boccia, un deporte paralímpico que le ha dado grandes éxitos premiando su constante esfuerzo y superación.

¿Qué tipo de motivación lleva a un jóven con discapacidad a esforzarse, superarse y entregarse a la práctica deportiva adaptada?

La inclusión de las personas con discapacidad en todas las facetas de la vida es una constante en nuestros días. Afortunadamente vivimos en una sociedad donde ya se ha normalizado la situación de las personas con discapacidad y en el ámbito deportivo. La implantación de los Juegos Paralímpicos para personas con algún tipo de discapacidad física o sensorial, han promovido un modelo de inclusión donde demostrar todas sus muchas capacidades, contribuyendo a un afortunado cambio de mentalidad.

Antes, el paso de una persona con discapacidad, especialmente si se trataba de una persona joven, provocaba un giro de cabeza o una mirada descarada, bien por lástima o por simple curiosidad. Hoy, la normalidad nos ha educado para mirar a estas personas con admiración por su esfuerzo, añadido al de cualquier otra persona, y por sus logros en cualquier ámbito de la sociedad, profesional, cultural o deportiva… como la de cualquiera de los que no lo son.

En los deportistas, factores de condición física y salud, se suman al esfuerzo y el positivismo, por lograr lo que antes parecía imposible. Ahora ellos son los que nos enseñan que la práctica de cualquier deporte nos mejora a todos, ofreciéndonos la gratificante sensación de competir, el placer de divertirse, la alegría del triunfo o el reto de luchar por la superación.

Fernando Javier Antúnez Antúnez es una de estas personas. Tiene 27 años y es de Motril. Es Técnico Superior de Turismo, pero también es un gran deportista. Con una discapacidad que le impide la movilidad de sus extremidades inferiores y le obliga a usar silla de ruedas, milita en el Club CD Aspace Granada, donde practica un deporte paralímpico llamado La Boccia en categoría BC2.

Su palmarés es de color oro. Sus triunfos, ligados a esta modalidad deportiva, se remontan a 2008 en categoría infantil, cuando comenzó a conseguir brillar en toda clase de pódiums, en competiciones provinciales, andaluzas, nacionales e internacionales.

Fernando es consciente de que todo lo que ha conseguido hasta ahora, “es fruto del apoyo de mi familia, de los entrenamientos, los compañeros y monitores, la constancia y de no rendirme nunca. Este deporte me ha permitido conocer a mucha gente maravillosa, tanto del ámbito nacional, como internacional, ya que en 2018 tuve la gran oportunidad de competir con la Selección Nacional”.

Para los que no sabíamos que es la Boccia, Fernando nos cuenta que se trata de un deporte paralímpico que se remonta a la Grecia clásica, aceptado como deporte paralímpico desde 1984.

La Boccia es una compleja combinación de táctica y habilidad. Se practica de forma individual, por parejas o equipos, sobre una pista rectangular en la que los jugadores tratan de lanzar sus bolas lo más cerca posible de la pelota blanca que sirve de objetivo, a la vez que intentan alejar las de sus rivales, en un ejercicio continuo de tensión y precisión.
“Inicialmente era un juego en el que solo participaban deportistas con parálisis cerebral, pero actualmente ya lo practican deportistas en sillas de ruedas con discapacidades totales o parciales en sus extremidades, pudiendo competir deportistas de ambos sexos indistintamente”, nos cuenta Fernando.

El gran palmarés deportivo de este joven motrileño ha motivado que este año haya sido reconocido como uno de los deportistas más destacados a nivel provincial de la temporada 2018, por parte de la Diputación de Granada y el Ayuntamiento de Motril. “Para mí ha sido un honor que se premie el trabajo de alguien que está en el mundo del deporte adaptado”.

Pero Fernando reconoce que debe su agradecimiento a quienes le iniciaron en este deporte y le inculcaron el empuje por la superación de la competición. “Fue en 2008. Francisco Cobo, técnico y monitor deportivo, me comentó que en Granada había un club qué se dedicaba al deporte adaptado y me habló sobre La Boccia. En el instituto donde yo estudiaba, en las horas de educación física, Paco y yo nos dedicábamos a entrenar. También lo hacíamos cuando disponía de huecos entre clase y clase. En La Zubia participé en mi primer campeonato y quedé segundo, a partir de entonces, La Boccia formó parte de mí día a día y de mi vida, regalándome momentos inolvidables, viajes, compañeros, muchos amigos y grandes satisfacciones con éxitos o sin ellos”.

Fernando Javier Antúnez es un “tipo afortunado”. Sonríe constantemente porque su discapacidad no le impide ser feliz. “Hago lo que más me gusta” me dice.

¡Qué suerte tienes amigo! En los tiempos que vivimos, conseguir hacer lo que a uno realmente le gusta es un privilegio del que muy pocos pueden presumir. ¡Enhorabuena campeón!

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