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Opinión/ El Futuro era un puerto

Para su amable publicación en Cartas al Director.

Comienza el curso político en Almuñécar con dos noticias relevantes: el fascinante proyecto de un nuevo puerto deportivo en la playa de Fuentepiedra y el angustioso regreso a las aulas bajo la amenaza del COVID19.

Atenazados como estamos por la pandemia, se agradece una promesa de futuro, y el sueño náutico nos brinda unos segundos de evasión para este surrealista mes de septiembre, que trae transmutadas la ilusión y los anhelos colegiales de siempre por un fresco existencialista con tonos de derrota.

La exclusiva del puerto, con permiso de la cohetería sorpresa del pasado 15 de agosto, viene a ser la noticia capital de este verano, bien diferente de las enternecedoras ocurrencias sobre calles estrechas y rincones ideales para besarse a las que el gabinete de comunicación municipal nos tiene tan acostumbrados. La noticia merecía también una foto de gala apaisada, cosa que todos los hacedores quedasen inmortalizados. Aunque hubo algún receloso en las redes que apuntó que faltaba el arquitecto municipal en la instantánea, por aquello de la credibilidad.

Cierto lo es también que después del proyecto fallido del fastuoso Hotel 7 estrellas y el fiasco de la prometedora inversión del gran Genaro García para reconstruir nuestro Mercado Municipal, puede que algún que otro vecino haya perdido el buen hábito de la confianza en el porvenir.

Disquisiciones aparte, por qué ser tan sesudos, el proyecto nos deja el futuro a la vuelta de la esquina. En apenas 6 meses el inicio de las obras y 400 obreros en el tajo. En 2 años todo listo y 240 empleos indirectos. Un salto de calidad en nuestra oferta turística. Trabajo y desarrollo. Quién lo cuestiona. Por si acaso, como notarios comparecieron representantes del grupo inversor y la Consejera de Fomento. Esta vez no faltan razones para creer.

Por ello, solucionado el futuro, volvamos mejor al presente que parece no tener puerto seguro al que arribar y es nuestra gran tarea pendiente y colectiva. El Gobierno Municipal se ha esmerado este mes de septiembre en informar a sus conciudadanos sobre las actuaciones para una vuelta al cole segura frente a la pandemia. Porque este equipo de gobierno lo mismo elabora a un censo de camaleones, que es capaz de preparar un protocolo COVID19 para la protección de nuestros escolares. Hay tiempo para todo, también para ganarse el incremento salarial de hace un año. Ellos ya intuyeron entonces que se venían tiempos recios y tocaría echar horas extras, y en esto sí conviene ser precavidos.

Pero volviendo al asunto, si eliminamos el tejido adiposo a tanta nota de prensa, les resumo lo que nos queda: 7.000 euros de material preventivo para 9 centros educativos (778 € por centro), el refuerzo de los servicios de limpieza y consejería, la puesta a disposición de espacios municipales para uso lectivo y de regalo unas palabras de aliento para padres y madres con fotito amigable incluida, que siempre viene bien una dosis de esperanza tan necesitados como estamos de coaching emocional.

Sorprende y se agradece el esfuerzo y el compromiso, tan acostumbrados como nos tenían a la indolencia. Aunque quizás, no sé ustedes, yo he echado en falta una pizquita de coherencia para reivindicar, junto a las AMPAS y la comunidad educativa, una bajada de ratios, el aumento de PCRs y una mayor inversión de parte de la Consejería de Educación. Confieso que me quedé esperando una tela gigante en la fachada del Ayuntamiento como aquella con la que esta primavera, el gobierno local metido a artivista, reclamaba al PSOE y UP TEST PARA TODOS Y TODAS.

Pero no todo son motivos para el optimismo en este reinicio de curso. Hay otra foto que es bien triste y de grande necesitaría un dron para ser tomada a vista de pájaro. El número de contagios se incrementa y la temporada turística, no por un mayor empeño publicitario, ha dado para afrontar el duro y amargo invierno que nos aguarda. Valga recordar que nuestro municipio presenta la 19ª renta per cápita más baja de España y una tasa de pobreza infantil del 47,7%. A esto, añadan el impacto de la pandemia. Quiere decir que hay familias que no llenan la alacena, que sus alimentos refrigerados caben en una nevera de playa, que sus hijos e hijas no tienen conectividad para seguir el curso online, que veremos quién paga la luz este diciembre y qué cosa nos inventamos para que los Reyes Magos no pasen de largo esta navidad por casa.

La realidad es la foto de nuestros vecinos en la cola de Cáritas. Es una foto difícil de ver, y más aún de creer, a causa de nuestra ceguera, pero mientras nos recreamos en pasatiempos náuticos y ensoñaciones posmodernas esa fila crece y crece.

Por ello hubiera deseado otra fotografía menos pomposa para la apertura de curso. Tal vez sea el empeño de querer visibilizar la pobreza, que la ceguera es también una actitud. Una pose con las trabajadoras sociales municipales, las cofradías, la parroquia y el voluntariado de asociaciones locales anunciando un Plan municipal para coordinar fuerzas y combatir la pobreza infantil y la exclusión social. Porque la pobreza, aunque invisible para algunos, es otra pandemia y la política social tiene también algo de municipal.

Pero no me hago ilusiones. Es ahora, ya sé, cuando viajan en el tiempo a 2012 y nos recitan la fábula del Político Corrupto y la Bancarrota Municipal o cómo nuestro futuro quedó sepultado en un cajón de facturas sin pagar. Desde entonces, ya se sabe, no hay dinero para nada. Corrijo, para casi nada, porque la nueva iluminación led con tonos anaranjados del Castillo salió casi regalada y eso sí que es una inversión y no un gasto. Cuestión de prioridades, o de grado de discapacidad visual.

No sale tampoco en la foto del puerto la oposición. Sin poder de contestación, hace tiempo que se debate en el difícil equilibrio de la protesta y la propuesta. Si protestan sin propuesta les recuerdan sus pecados y las plagas que nos dejaron; si proponen, tal vez les copien. Porque este futuro que ahora se anuncia se parece mucho al que ellos diseñaron. Ya se sabe, ellos hicieron todo lo que se puede ver, incluso el futuro. Y desde aquel otro esquizofrénico no lugar, duele el silencio de la belicosa izquierda, antaño defensora de las clases populares y enemiga de los proyectos faraónicos y capitalistas. No querían Marbellecar. Toma tres tazas.

Paradojas del futuro o cómo vivir asustado acaba matándote.
Y es lo que se nos viene. El futuro, de nuevo, en las manos de aquellos que pueden planificar su descanso a un año vista y pagar un ocio a cuentas de 4 ceros. Turismo de calidad lo llaman. Nosotros, a su servicio, como único destino, sin propuestas alternativas de desarrollo, sin debates, sin voces apenas que prevengan o denuncien las contradicciones, daños y abusos del modelo. Otra vez la maldición de vivir cara al mar, terrible e irónico desatino para una antigua colonia fenicia.

Fenicio en Tierra

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