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MANOS DE LATEX AZUL

Mariló Joya/Editorial

Cuando comenzó el año, recibíamos una nueva década pensando que el 2020 sería un año magnífico porque nos recordaba a la vida alegre de los maravillosos y locos años 20 y estábamos dispuestos a disfrutarlos con entusiasmo.

Es cierto que los nuevos 20 llegaban con gran confusión política, en lo que ya nos temíamos serían años convulsos y difíciles, pero aun así, no perdíamos la esperanza de que este fuera un año positivo, de soluciones, crecimiento y buenos proyectos...

Nada más lejos de la realidad. A mediados de febrero supimos de la existencia de un extraño virus llamado COVID-19. Hacía su entrada por oriente, concretamente en la ciudad china de Wuhan, en la provincia de Hubei, pero se extendió rápido hasta occidente llegando a Europa por el norte de Italia pero demasiado rápido y sin tiempo a reaccionar.

De la noche a la mañana nos vimos confinados en las casa. Todos separados. Abuelos, padres, hijos, nietos, amigos... Cada uno en su casa y sin poder compartir una caricia o unas palabras de serenidad, tan solo nos aferramos a las imágenes que nos traía cada día la pantalla del ordenador y los incesantes mensajes de WhatsApp que nos mantenían virtualmente unidos. En los rostros de todos había mucha preocupación y miedo. Sí, no lo podemos negar, tuvimos y tenemos mucho miedo porque parece que esto nunca fuera a acabar.

Marzo 2020: El virus llamado COVID-19 ha invadido al mundo y nuestro país no ha quedado excluido, dejando un rastro de enfermedad, dolor, confinamiento y muchas víctimas mortales, demasiadas. Quién nos lo iba a decir. Cuando todos teníamos en el 2020 puestas tantas esperanzas e ilusiones, el aislamiento ha marcado la primera parte de este extraño y maldito comienzo de década como si estuviéramos viviendo una película futurista cuya dramática trama finaliza al apagar el televisor.

Ese 14 de marzo las calles quedaron vacías, las fuerzas de seguridad, los militares y las patrullas de desinfección formaron parte de nuestro día a día y tan solo los aplausos en los balcones rompían cada tarde el silencio en forma de agradecimiento y reconocimiento a la labor de los llamados ángeles, héroes que intentaban salvarnos la vida jugándose las suyas en los hospitales, totalmente saturados, desbordados, contagiados y sin materiales para poder cuidarnos y curarnos sin poner su salud en juego, lamentablemente, muchos se han dejado la vida en ello. A ellos, a las fuerzas de seguridad, a los que nos atienden en farmacias y supermercados, a los transportistas, personal de limpieza, de ayuda a domicilio, agricultores, pescadores, a los que están haciendo los respiradores y las mascarillas, a los que tienen mucho dinero y están colaborando de forma altruista con sus aportaciones y a todos los voluntarios de cualquier tipología gracias. Gracias por ayudarnos a sobrevivir y sobrellevar este sorprendente comienzo de década tendiéndonos vuestras manos de latex azul.

Hoy comienza abril y seguimos viviendo aislados y pendientes de las noticias que nos indican si la curva de infectados sube, baja, o al menos se estabiliza. Sabemos que los fallecidos se cuentan por miles en nuestro país, cientos de miles por todo el mundo. Las mascarillas y los guantes son parte imprescindible en nuestro vestuario y en lugar de perfume olemos a gel desinfectante o lejía, esperando que solo desde la extrema higiene y la soledad podamos evitar entrar a formar parte de las cifras de afectados por el coronavirus, que en su gran mayoría se ha llevado a miles de mayores que nacieron en una guerra civil y han muerto en una guerra sanitaria sin un triste funeral donde llorarlos. Descansen en Paz.

Pienso en esa abuela que aún no han podido conocer a su nieto nacido en mitad de la pandemia en el lado opuesto del país. Hijos que no han podido dar a sus padres o abuelos un entierro digno. Enfermos que no se atreven a manifestar su dolencia por temor a ser ingresado en un hospital del que no puedan salir. Bodas anuladas. Viajes perdidos. Muchos cumpleaños sin tarta ni canciones. Niños y niñas que no han podido hacer la comunión y que no entienden bien porque sus trajes están colgados en el armario esperando un día soleado y feliz.

También me preocupa y mucho que tantas empresas se hayan visto obligadas a cerrar, trabajos perdidos, ahorros gastados, deudas y muchas decepciones. Una crisis económica sin paliativos que no sabemos cómo afrontar ni si la llegaremos a superar algún día no muy lejano.

Aunque hoy, en el terreno personal, solo quiero que regresen pronto los abrazos y los encuentros con seres queridos aunque sigamos viviendo muy preocupados por lo que llegará después.

Si Dios quiere, y espero que nos ayude porque creo en él, solo le pido salud para los nuestros, para todos, nada más. Aún nos queda mucho por hacer y por vivir, y solo la recuperación de la salud sería una buena noticia en estos momentos de nuestras vidas, que el resto ya lo iremos consiguiendo con nuestro esfuerzo y solidaridad...

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Así no.

Opinión/ Juan Bolivar.

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"Un acto contra la naturaleza debería ser juzgado tan severamente como uno contra la sociedad u otra persona " (Dr.Michael W.Fox )